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El momento no decisivo en fotografía: belleza en lo ordinario

Actualizado: 2 feb

william eggleston



Introducción

El momento no decisivo en fotografía: una mirada alternativa al instante perfecto


En la entrada anterior abordamos el momento decisivo, ese ideal formulado por Henri Cartier-Bresson que convirtió a la fotografía en la caza de un instante único, perfecto y autosuficiente.


Un modelo que marcó profundamente la práctica, la enseñanza y la valoración de la fotografía durante buena parte del siglo XX.


Pero la fotografía no se agota en los clímax visuales ni en los gestos excepcionales.


Existe otra forma de mirar —menos ortodoxa, pero igual de fértil— que desplaza el foco del instante perfecto hacia la continuidad de lo ordinario: el momento no decisivo.


Este no es el instante en el que “todo encaja”, sino aquel en el que aparentemente no ocurre nada relevante.


Un tiempo sin dramatismo, sin sincronía perfecta, sin composición cerrada.


Y, precisamente por eso, profundamente conectado con la experiencia real del mundo.


Esta entrada no propone sustituir un modelo por otro, sino ampliar el marco desde el que entendemos la fotografía.


El momento no decisivo no niega al decisivo: lo desactiva como dogma y abre el camino hacia prácticas basadas en la acumulación, la secuencia, el archivo y, finalmente, el fotolibro.



I. Bernard Plossu y la estética de lo casual


Bernard Plossu

La obra de Bernard Plossu es una de las formulaciones más claras del momento no decisivo.


Frente a la grandilocuencia del gesto o la composición perfecta, Plossu dirige su mirada hacia la vida en tránsito: calles, trenes, parques, mercados, habitaciones anónimas.


Sus fotografías se detienen en lo que tradicionalmente se consideraría irrelevante:un hombre leyendo el periódico,un niño cruzando una acera,un perro dormido en un andén.


No hay clímax narrativo ni desenlace visual.


Hay atención. Una curiosidad sostenida por lo efímero y lo banal.


El impacto de sus imágenes no surge de la perfección formal, sino de la honestidad del mirar.


Plossu nos recuerda que la fotografía también puede ser contemplativa.


Que una imagen puede tener valor no por resolver el sentido, sino por mantenerlo abierto.



II. Robert Frank y lo cotidiano sin heroísmo


Robert Frank

Si Plossu introduce una poética de lo casual, Robert Frank radicaliza el gesto al desactivar cualquier forma de heroísmo visual.


En The Americans (1958), el momento no decisivo se convierte en una herramienta crítica.


En una de sus imágenes más inquietantes, Frank fotografía un accidente de tráfico:un cadáver cubierto por una sábana blanca,personas dispersas,miradas desorientadas,ningún gesto culminante.


No hay dramatización ni composición heroica. La escena es torpe, incómoda, casi indiferente. Y precisamente ahí reside su potencia.


La ausencia de clímax convierte la imagen en algo brutal: no hay catarsis, solo la constatación fría de una muerte anónima integrada en el flujo cotidiano.


Frank demuestra que la fotografía no necesita el instante perfecto para conmover; basta con no apartar la mirada.




III. Lo no decisivo como práctica contemporánea


El momento no decisivo no es una anomalía histórica. Es una de las líneas centrales de la fotografía contemporánea.


Autores como:

  • Stephen Shore, con sus moteles, desayunos y calles vacías


Stephen Shore

  • Martin Parr, con su exaltación irónica de lo banal y lo kitsch


Martin Parr

  • Alec Soth, con sus silencios, pausas y fragmentos de vida dispersa

    trabajan desde una lógica común: la renuncia al gesto excepcional.


Alec Soth

En estos proyectos, lo cotidiano no es un residuo, sino el núcleo del discurso.


La imagen aislada pierde peso frente a la acumulación, la repetición y la deriva.




IV. La anatomía del momento no decisivo


A diferencia del modelo clásico, el momento no decisivo opera con otra lógica:


El momento no decisivo

  • Fragmentación del relato No toda historia necesita inicio, nudo y desenlace en un solo fotograma.

  • Revalorización de lo banal Detalles repetitivos o insignificantes se convierten en detonantes emocionales.

  • Aceptación de la imperfección Gestos cortados, encuadres torpes o desajustes formales adquieren fuerza expresiva.

  • Apertura semántica La ambigüedad multiplica los significados y activa al espectador.




Este modelo no busca cerrar el sentido, sino desplazarlo hacia la experiencia del lector.




V. Pedagogía del instante no decisivo


Desde el punto de vista docente, el momento no decisivo supone un giro radical.


Frente a la enseñanza basada en la anticipación del clímax, esta pedagogía propone:

  • observar sin buscar el gesto perfecto,

  • aceptar la repetición y la acumulación,

  • reconocer que la emoción también emerge de lo ordinario.


Este enfoque rompe con el heroísmo visual y democratiza la mirada.


Acerca la fotografía a la vida real: fragmentada, imperfecta, continua.




VI. Psicología de lo no decisivo


El impacto de estas imágenes no se explica solo desde la estética. Nuestro cerebro no responde únicamente al clímax y al cierre, sino también a:

  • patrones incompletos,

  • narrativas abiertas,

  • tensiones no resueltas.



momento decisivo vs momento decisivo

Aplicada de forma flexible, la Gestalt nos ayuda a entender por qué la incompletitud genera curiosidad y activa la imaginación.


Como señalaba John Szarkowski, la fotografía no solo organiza el caos visual: nos hace participar en él.


Las imágenes no decisivas funcionan como espacios abiertos donde el espectador completa el sentido desde su propia experiencia.




VII. Del momento no decisivo al fotolibro


Aquí aparece una conexión clave con el curso.


El momento no decisivo prepara el terreno para pensar la fotografía no como imagen única, sino como:

  • serie,

  • archivo,

  • secuencia,

  • experiencia temporal.


Sin esta renuncia al clímax, el fotolibro sería imposible.


El libro necesita imágenes que no lo digan todo, que puedan convivir, repetirse, callar y construir sentido en el tiempo.




Conclusión

La fuerza de lo discreto


El momento no decisivo nos invita a desacelerar y a mirar lo que ocurre entre los instantes perfectos.


Nos enseña que la belleza y la narración pueden surgir sin dramatismo ni sincronía, y que la fotografía puede ser, además de epopeya visual, un acto de paciencia y atención.


El desafío para el lector queda planteado:¿seguir buscando solo la perfección o aprender a leer la riqueza de lo cotidiano?


Esta pregunta será central en las siguientes entradas, donde abordaremos la polisemia, la narración visual, la secuencia y, finalmente, el fotolibro como forma de pensamiento.

 
 
 

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